Niños y animales, la mejor combinación

Hace dieciséis años Barry Stewart trabajaba como profesor en un centro de Formación Profesional de Carolina del Norte (EEUU) y se le ocurrió poner en marcha con sus estudiantes un proyecto que, además de darles experiencia práctica, supusiera una labor social: construir casetas para perros y gatos callejeros que donarían a protectoras locales. Desde entonces los alumnos de Stewart, que ahora trabaja en un centro educativo de Jacksonville (Florida, EEUU), han fabricado más de 600 casas para perros y 110 para gatos ferales. Aquí podéis ver algunos de sus trabajos:

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Pero para encontrar iniciativas a favor de los animales en el ámbito educativo no hace falta irse tan lejos. En España hay algún proyecto en marcha, como Conciencia Animal en San Pedro del Pinatar, iniciado en febrero de 2017 en San Pedro del Pinatar (Murcia) por la profesora María Tristán y un grupo de alumnos de 5º de Primaria del colegio Los Pinos. El objetivo de los pequeños es concienciar contra el maltrato y el abandono de animales domésticos y promover las adopciones. Conciencia Animal está apoyado por el propio colegio y por el Ayuntamiento de la localidad, y colabora con la asociación Patitas Unidas, donde María Tristán adoptó a los dos perros con los que convive.

Por desgracia, en nuestro país los colegios que cuentan con un proyecto de este tipo o que educan a los niños en el amor por los animales son casos aislados. La Asociación Parlamentaria en Defensa de los Animales (APPDA) , integrada por diputados de todo el espectro político, promueve que el respeto a los animales sea introducido en el currículum escolar de enseñanza obligatoria. Para ello, Unidos Podemos ha registrado en el Congreso una propuesta en la que lo pide. Espero que tenga éxito. Por nosotros, los animales; por los niños y por la sociedad en general.

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La convivencia con animales es extraordinariamente beneficiosa para los niños tanto desde el punto de vista del equilibrio emocional como de la salud física. Según un estudio de la Fundación Affinity sobre el vínculo entre los humanos y los animales de compañía, casi la mitad de los niños considera a sus compañeros de otra especie su mayor apoyo emocional después de sus padres.

Compartir la infancia con uno o varios animales contribuye también a mejorar las habilidades sociales de los pequeños, proporciona seguridad y favorece la autoestima y la capacidad de sentir empatía. Además, convivir con uno o varios hermanos gatunos, perrunos o de otra especie propicia que los niños sean más responsables y muestren un mayor respeto hacia los demás. Hablo siempre, por supuesto, de la tenencia responsable de animales, de considerarnos unos miembros más de la familia y cuidarnos y querernos como tales.


Vemos, pues, que tener un animal o varios como compañeros no solo va a contribuir a hacer más felices a los pequeños, sino que, además, favorecerá que los adultos del futuro sean también mucho más solidarios y equilibrados.

Pero, además, compartir hogar con animales de compañía es también muy beneficioso para la salud física de los niños. Así lo demuestran muchos estudios científicos, como uno de la Universidad de Alberta (Canadá), por ejemplo, que indica que los bebés que conviven con animales que tienen pelo presentan una microbiota (floral intestinal) más rica que los que no lo hacen, lo que no solo les protege de trastornos de carácter gastrointestinal, sino que refuerza su sistema inmunitario. Otro beneficio que presenta la convivencia con animales desde la infancia es que suele ir asociada a una mayor actividad física, lo cual repercute también de manera muy positiva en la salud.

Hay numerosos estudios, como uno realizado en el hospital Henry Ford  de Detroit (EEUU) que demuestran también que convivir con animales desde bebés no solo hace a los humanos menos propensos a alergias y asma, sino que fortalece el sistema inmunitario.

Por eso, si quieres que tu hijo o tu hija sea más feliz y equilibrado y un ciudadano más comprometido, solidario y respetuoso cuando sea adulto, adopta un gato o un perro (o varios). Le harás un gran favor y también se lo harás al resto del mundo, que necesita más personas así.

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Me voy de viaje. ¿Qué hago con mi gato?

Kitty es la compañera gatuna de Laetitia y Guillaume, dos viajeros franceses que han recorrido a pie con ella parte del continente americano: desde Miami (EEUU) hasta Ushuaia (Sur de Argentina). A Kitty le gusta viajar con sus papis humanos y no se separa de ellos durante sus periplos. Aquí tenéis una imagen de Kitty con sus humanos.

Pero Kitty no es una gatita típica, sino más bien una excepción. Probablemente tenga un carácter muy dócil y haya sido acostumbrada desde que era una bebé a salir de casa junto a sus humanos sin separarse de ellos para no correr ningún peligro.

Mi humana dice que a ella también le gustaría llevarnos de viaje a mí y a mis hermanas gatunas, pero nunca lo ha hecho porque sabe que ni lo disfrutaríamos ni estaríamos seguros.

A mí, que soy el más sociable y el menos miedoso de los tres, intentaron acostumbrarme a ponerme un arnés cuando tenía unos meses para poder salir a pasear por la sierra con mis humanos, pero en cuanto comprobaron en casa lo incómodo que me resultaba se dieron cuenta de que no era buena idea.

Los gatos somos muy territoriales porque necesitamos vivir en un entorno que nos proporcione seguridad. Algunos gatos incluso somatizan el estrés que les provocan los cambios que se producen a su alrededor y enferman.

Por eso la mejor opción cuando quieres salir de vacaciones y compartes tu vida con un gato es que se quede en su hogar, en su entorno habitual, al cuidado de una persona en la que confíe y que pase por casa al menos una vez al día o cada dos días para reponer agua y comida, limpiar areneros y jugar y mimarlo un ratito.

Si no tienes un familiar o amigo que ya conozca a tu felino, siempre puedes recurrir a algún profesional de confianza para que vaya a tu casa a cuidarle. En Gestión Felina conocemos a varias personas así. Pregúntanos si necesitas algún contacto.

En contra de lo que muchas personas piensan, los gatos establecemos vínculos emocionales muy profundos con nuestros humanos. Por eso en algunos casos también es una buena idea que os acompañemos, sobre todo si vuestra ausencia va a ser larga y vais a estar en un lugar seguro para nosotros.

Suele salir bien cuando el destino es un lugar que el felino puede convertir en su segundo hogar, como la casa del pueblo. En este supuesto las vacaciones pueden suponer para nosotros algo tan placentero como para los humanos.

Ya va habiendo hoteles y casas rurales en España que permiten que los animales nos alojemos junto a nuestros humanos. Pero, en el caso de los gatos, cabe preguntarse si merece la pena la ansiedad que nos va a provocar el cambio cuando se trata de unos pocos días. Yo diría que no.

También hay que tener en cuenta que probablemente estos establecimientos no cuenten con las medidas de seguridad de las que disponemos en nuestros hogares para no caer por la ventana ni perdernos. ¿Te imaginas lo que puede pasar si tu compañero gatuno se pierde en un lugar que no conoce? Lo más probable es que muera.

Tampoco te aconsejo dejarlo en una residencia para animales. Si me sigues desde hace tiempo, creo que ya tendrás claro que los gatos somos seres extremadamente sensibles y si te marchas dejándonos en un lugar desconocido podemos interpretar que nos abandonas, lo que nos hará sumirnos en una depresión que nos puede conducir incluso a la muerte.

Así que ya sabes: cuando planees tus próximas vacaciones no busques solo los mejores alojamientos y lugares que visitar, sino la mejor persona que pueda hacerse cargo de nosotros durante esos días.

Peligro: plantas tóxicas para los gatos

Estamos casi en plenas fiestas navideñas y much@s de vosotr@s habréis decorado vuestra casa para la ocasión con adornos típicos de estas fechas. Quizá os habéis dejado seducir por la vistosa flor de Pascua, también conocida como corona del inca o poinsetia y habéis colocado una como la de la foto en un rincón destacado de vuestro salón. Pues ya podéis ir quitándola si tenéis gatos, porque es tóxica para nosotros. Nos provoca sobre todo trastornos digestivos, pero también daña nuestros ojos y nuestra piel.

También lo es otra planta muy relacionada con la Navidad, el acebo. Tened mucho cuidado si lo utilizáis como adorno, pues, al igual que la poinsetia, puede provocarnos trastornos gastrointestinales graves. Sucede lo mismo con el muérdago, que, además, ocasiona daños cardiacos y respiratorios.

Los gatos somos muy inteligentes y puede que no nos lancemos cual pirañas a devorar vuestras plantas, pero nos encanta mordisquear cosas, cotillear y experimentar con todo lo que nos encontramos, así que mejor olvidaos de dejar a nuestro alcance las que pueden hacernos daño. Algunas son tan peligrosas que incluso pueden llevarnos a la muerte. La lista es muy larga y muy difícil de memorizar.

Por eso mi humana, a la que le encantan las plantas, siempre lleva a mano una de las más completas que existen, la de la ASPCA (American Society of the Prevention of Cruelty to Animals). Aquí os la dejo. También incluye las plantas tóxicas (y no tóxicas) para perros y caballos. Está en inglés, pero, si no lo domináis, podéis utilizar el traductor del buscador. Cada planta aparece también con su nombre en latín, que podéis introducir en cualquier buscador de Internet.

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Para que os hagáis una idea, entre las plantas que debéis evitar se encuentran algunas de las más comunes en los hogares, como el poto. Mis humanos tenían uno antes de adoptarnos a mí y a mis hermanas gatunas y lo han colocado en lo alto de la librería, donde ni siquiera yo, que soy un saltimbanqui, puedo alcanzarlo.

Estas son algunas de las plantas que os aconsejo que evitéis tener en casa o en el jardín si convivís con gatos:

  • Difenbaquia.
  • Lirio.
  • Tulipán (y en general, todas las plantas que se reproducen a través de bulbos).
  • Narciso.
  • Hortensia.
  • Cala.
  • Hiedra.
  • Filodendro.
  • Ciclamen.
  • Kalanchoe.
  • Aloe vera.
  • Prímula.
  • Laurel.
  • Azalea.
  • Adelfa.
  • Espatifilo.
  • Anturio.
  • Mejorana.
  • Tejo.
  • Crisantemo.
  • Begonia.
  • Costilla de Adán.

No he incluido en la lista anterior la planta de tabaco ni la de marihuana, que supongo que no son muy habituales en vuestras casas y de las que imagino que os haréis una idea sobre su toxicidad en los felinos. Pero insisto: si os regalan una planta o estáis pensando en adquirir alguna, comprobad antes en la lista de la ASPCA si es compatible con vuestro compañero felino.

Regala vida. Sé casa de acogida

Os presento a Cocó y Chanel, dos hermanitas que llegaron a Gestión Felina Madrid muy enfermas y muy asustadas. Pronto se recuperaron por completo de sus dolencias, pero Cocó y Chanel no acababan de confiar en los seres humanos a pesar de los mimos y las atenciones de l@s voluntari@s de la asociación. Probablemente, las malas experiencias durante el tiempo que habían pasado en la calle las había vuelto temerosas y se mostraban casi siempre a la defensiva.

Pasaban los meses y las hermanitas no encontraban una familia que las quisiera. Aunque venían personas interesadas en ellas, atraídas por su gran belleza, cuando las conocían no se decidían a adoptarlas porque eran recibidas con bufidos y zarpazos.

Hasta que un buen día aparecieron sus hados madrinos: una pareja que convivía ya con varios gatos y que les dio la oportunidad de conocer lo que es un hogar. A estos maravillosos humanos no les importó que las pequeñas pasaran las primeras semanas prácticamente escondidas; les dieron su espacio y todo su amor y hoy Cocó y Chanel son unas gatitas mucho más sociables, equilibradas y cariñosas. Aquí las tenéis en su casa de acogida.

Las casas de acogida resultan fundamentales para el futuro y el bienestar de los gatos que atienden asociaciones como GFM. En el caso de felinos como Cocó y Chanel, son indispensables para su socialización.

También lo son cuando se trata de bebés gatunos, recién nacidos que han perdido a su mamá y necesitan ser alimentados cada tres horas o cachorritos que ya comen solos pero que aún no tienen desarrollado del todo el sistema inmunitario y que corren peligro de adquirir alguna enfermedad que acabe siendo mortal para ellos si conviven con gatos recién salidos de la calle.

Me consta, por el olor a lejía que desprende mi humana cada vez que llega de la sede de Gestión Felina, que l@s human@s de esta asociación extreman las medidas de higiene, pero, aun así, el riesgo de contagio nunca es cero. Por eso necesitan casas de acogida como en la que está creciendo de forma segura la pequeña Henar, rescatada del motor de un coche este verano.

– ¡Hola, Henar! ¿Cómo lo llevas?

– Genial, Tyrion. Los humanos de esta casa me cuidan un montón, no dejan de darme mimos. Y me he hecho superamiga de algunos de sus gatos. Me paso el día jugando con Anacleto y Alicia, dos miembros felinos de la manada.

– Gracias, Henar. Te dejo con tus colegas, que te están llamando.

Las casas de acogida no solo son necesarias para proteger a los gatitos de posibles contagios, sino también para socializarlos. Los primeros meses son claves en la formación de su futuro carácter. Y si están en contacto con human@s y otros felinos, serán unos adultos mucho más sociables.

Pero no solo los cachorritos se benefician de la existencia de casas de acogida. También los gatos adultos sociables necesitan el contacto con los humanos y siempre es más beneficioso para su bienestar físico y psíquico que se desarrolle en un hogar que en un refugio, por muy buenas que sean las condiciones de este. Los gatos somos unos seres muy sensibles y nuestro estado psicológico influye notablemente en nuestra salud física.

Mi amigo Fidelio, por ejemplo, llegó muy pocho a Gestión Felina. Ya está prácticamente curado de sus heridas físicas, pero necesita con urgencia una casa de acogida para terminar de recuperarse. Fidelio es un gato sumamente amoroso y mimoso y precisa un contacto constante con los humanos.

Felicity es otro ejemplo del bien que hacen las casas de acogida a los gatos que han sufrido. Abandonada en la calle a punto de dar a luz, Felicity llegó a GFM en estado de shock. Gracias al cariño que le están dando sus human@s de acogida, las heridas emocionales de esta bella rubita van cicatrizando poco a poco mientras espera su hogar definitivo.

¿Qué tengo que hacer y qué me puede aportar ser casa de acogida?

Para ser casa de acogida simplemente tienes que cumplir las condiciones necesarias para proporcionar un hogar seguro y amoroso a los gatos de Gestión Felina de forma temporal, hasta que sean adoptados de forma definitiva. Claro que también puede pasar que te enamores profundamente de tu/s gatos/s de acogida, cono les pasó a mis humanos conmigo, je, je, je…

Pero, en principio, la acogida es temporal. Te comprometes a cuidar y querer a tus felinos de acogida durante el tiempo que tarden en encontrar una adopción y a cambio disfrutas de la impagable compañía de uno o varios encantadores mininos sin necesidad de tener ningún gasto extra, ya que GFM cubre todos los gastos veterinarios y, si así lo deseas, también la alimentación de tu acogido.

Y luego está la satisfacción de saber que has contribuido a salvar la vida de ese gato y del ocupará su lugar en la sede de la asociación, lo cual no es nada desdeñable.

Así que no dudes más y regala vida a uno de mis adorables compañeros felinos de GFM. Escribe a adopciones@gestionfelinamadrid.org. La comunidad gatuna te lo agradecerá eternamente. Y tú también lo agradecerás.

La verdad sobre perros y gatos

Los gatos son ariscos. Los gatos son traicioneros. Los gatos son caprichosos. Los gatos son egoístas… ¿En serio? ¿Aún queda gente con estos prejuicios?

Sí, amig@s, los gatos seguimos siendo los grandes incomprendidos para una buena parte de la población. Yo diría que uno de los motivos es porque siguen comparándonos con nuestros colegas los perros. Y, aunque es cierto que gatos y perros somos los animales domésticos más habituales, tenemos tantas cosas en común como los elefantes y los ratones. ¿Acaso es tan difícil entender que somos especies distintas?


Hay gente que espera que los gatos nos comportemos como los perros y obedezcamos ciegamente las órdenes de nuestros amos los humanos. Y, claro, al ver que vamos a nuestra bola nos consideran antipáticos, rebeldes y desapegados. Incluso algunos humanos indecentes abandonan a sus gatos porque no responden a las expectativas que tenían sobre ellos. Desconocen que los felinos carecemos de una visión jerárquica de nuestra relación con los humanos. No os vemos como nuestros jefes, sino como nuestros iguales, y por eso solo respondemos a vuestras sugerencias o a vuestra llamada cuando nos parece bien. Vamos, como cualquier ser inteligente y libre.


No olvidéis que los perros fueron domesticados por el hombre, mientras que los gatos fuimos quienes decidimos hacernos domésticos cuando las antiguas civilizaciones de Oriente Próximo empezaron a almacenar grano y los ratones proliferaron en tono a los enclaves humanos. Nuestra relación fue de simbiosis desde el principio, no de jerarquía: nosotros eliminábamos a los molestos visitantes de vuestros graneros a cambio de que nos tratarais bien.
Por otra parte, los gatos conservamos plenamente nuestro instinto felino y nos mantenemos en alerta incluso cuando estamos dormidos. Por eso no os gusta nada que nos acorralen, agarren o inmovilicen: nos sentimos en peligro, con nuestras facultades limitadas. Eso no significa que no seamos cariñosos con nuestros humanos, sino que a veces nos gustan un tipo de manifestaciones de amor distintas a las que nos proporcionáis.


Que  no os veamos como nuestros amos ni aceptemos vuestros achuchones siempre que os apetece no implica que el vínculo emocional que tenemos con nuestros humanos no sea profundo y sólido. Mirad a mi hermana Dharma, que no se separa de nuestro humano ni medio metro cuando lo tiene cerca y pasa todas las noches, incluso las más calurosas, dormida entre sus piernas. También es la que peor lo pasa de todos cuando nuestros humanos se van de viaje.


Dharma puede ser muy borde cuando se lo propone. Pero es precisamente porque es una gata muy sensible y su forma de manifestar el estrés es de esa forma. En muchas ocasiones los gatos que muestran un carácter más difícil son precisamente los más sensibles y los que pueden convertirse en los compañeros más amorosos.

Conocernos lleva su tiempo, porque somos animales muy sutiles. Y, al igual que vosotros. humanos, cada individuo gatuno tiene su propia personalidad.

Otro error bastante común que comete la gente cuando se empeña en compararnos con los perros es adoptar (o, muchísimo peor, comprar) un gato cuando apenas pasa tiempo en casa, entendiendo que somos autosuficientes y apenas necesitamos atención ni cuidados. Y, vale, es cierto que no precisamos salir a la calle tres veces al día, como los perros, porque hacemos pis y caca en nuestros areneros. Pero los gatos domésticos, como es mi caso (los gatos ferales son otra historia), necesitamos interactuar con vosotros. Aparte de los cuidados básicos (que nos proporcionéis comida de calidad y agua fresca a diario, que mantengáis limpios nuestros areneros, etc.), necesitamos que juguéis con nosotros un rato cada día, además de muestras  de afecto por vuestra parte.

Por eso solo os pedimos que os toméis vuestro tiempo para observamos y conocernos bien y que disfrutéis de nuestra compañía como los fascinantes seres que somos: tan libres como divertidos y apegados a vosotros.

 

Cuidado con la comida. Alimentos tóxicos para los gatos

¿Os he dicho ya que una de las cosas que más me gustan en el mundo es comer? Mis humanos dicen que soy un tragón. Y la verdad es que no pierdo ocasión de olisquear lo que se preparan ellos, por si hay algo que me gusta. Pero casi nunca me dan de su plato, porque saben que los gatos tenemos nuestras propias necesidades nutricionales y lo mejor que podemos comer son alimentos especialmente preparados para nosotros. Además, hay algunos productos que son muy comunes en la dieta de los humanos pero que resultan muy peligrosos para nuestra salud y pueden provocarnos incluso la muerte. Vamos a ver cuáles son los principales.

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¿Quién no ha visto alguna peli en la que el protagonista se encuentra a un gatito hambriento y le pone un platito de leche de vaca en cuanto llega a casa? ¡Gran error! La mayoría de los gatos adultos presentamos intolerancia a la lactosa y su consumo puede provocarnos problemas gastrointestinales.

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Ajo, cebolla, cebolleta, cebollino, ajetes y puerro

La cebolla y todos los alimentos de su familia poseen una sustancia llamada tiosulfato que destruye los glóbulos rojos de los gatos, lo cual nos provoca anemia hemolítica que puede conducirnos a la muerte. Ten en cuenta que la cebolla, la cebolleta, el puerro, el cebollino y los ajetes son tóxicos para nosotros en cualquiera de sus formas: crudos (que dudo mucho que consumamos, porque tenemos un olfato muy fino y estos productos no se caracterizan precisamente por ser inodoros), en polvo o formando parte de guisos o de los potitos para bebés, que a veces se compran para los peludetes que están un poco pochos.

El ajo tiene una sustancia parecida. Aunque algunos autores señalan que para que resulte tóxico deberíamos ingerir una cantidad muy grande, mejor no tentar a la suerte.

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Té, café y chocolate

Habéis oído hablar de la cafeína y la teína, ¿verdad? Pues esas sustancias, presentes en el café y el té, que resultan estimulantes para los humanos, nos causan graves problemas cardiacos y del sistema nervioso y pueden incluso provocarnos la muerte. ¿Y qué va a hacer un gato bebiendo té o café?, os preguntaréis, porque dudo que alguno seais tan bruto como para dárnoslo. Pues olfatear, cotillear… como buen felino. No los dejéis a nuestro alcance, por favor.

El chocolate lleva otra sustancia estimulante, la teobromina, que tiene los mismos efectos que la cafeína en nosotros. Además, nuestro organismo no tiene la capacidad del cuerpo humano de eliminarla con cierta rapidez, por lo que se nos acumula y también puede matarnos.

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Aguacate

El aguacate es un alimento muy graso que puede provocarnos una pancreatitis y problemas digestivos.  Además, contiene una sustancia fungicida llamada persina que resulta tóxica para nosotros.

Uvas y pasas

Mantenlas alejados de los gatos tragoncetes como yo, porque nos producen diarrea y, en casos más graves, fallo renal.

Patatas crudas y tomates verdes (fruto, hojas y tallos)

Las patatas crudas y los tomates verdes contienen en todas sus partes (hojas, tallos y el propio alimento) una toxina llamada solanina que resulta tóxica. Pero desaparece al cocinarlos a altas temperaturas, así que no pasa nada porque nos des un trocito de patata cocida de vez en cuando, siempre que no sea la base de nuestra alimentación, pues somos animales carnívoros puros y la carne o el pescado deben constituir el 90% de lo que ingerimos.

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Sal y alimentos salados

Evita darnos alimentos salados, incluidos los embutidos y el pescado cocinado o enlatado para consumo humano, porque dañan nuestros riñones y pueden provocarnos un fallo renal. No es muy saludable, por tanto, la costumbre de darnos como chuche un trocito de pavo o de jamón de York, ni tampoco atún natural en lata, a menos que sean bajos en sal.

Embutidos

Los embutidos suelen llevar una gran cantidad de sal y de grasa, que, como ya hemos visto, dañan respectivamente nuestros riñones y  nuestro aparato digestivo.

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Frutos secos

Los frutos secos con también alimentos grasos que pueden causarnos problemas digestivos. Y si, además, son salados, dañan nuestros riñones.

Pescado crudo, vísceras de pescado y espinas

El pescado crudo tiene una enzima llamada tiaminasa que destruye la vitamina B1 o biotina, por lo que un consumo excesivo de este alimento puede dañar nuestra salud gravemente. El déficit de esta vitamina afecta al sistema nervioso y al sistema vascular. La tiaminasa se destruye con la cocción.

En algunos gatos de zonas costeras de Japón que se alimentaban de pescado se ha observado, además, intoxicación por mercurio como consecuencia de la contaminación del mar. El mercurio se almacena especialmente en las vísceras de los peces y en su grasa. Un consumo excesivo de pescado azul, que contiene bastante grasa, daña asimismo nuestro aparato digestivo y nuestro hígado.

Finalmente, las espinas pueden provocarnos heridas en el sistema digestivo debido a su naturaleza punzante.

Huesos

Al igual que sucede con las espinas, la ingestión de huesos pueden producir graves desgarros en el sistema digestivo de los gatos, especialmente si tienden a astillarse, como sucede con los de pollo. También pueden ocasionar obstrucciones.

Grandes cantidades de hígado y de huevo crudo

Los gatos podemos tomar pequeñas cantidades de hígado y de huevo crudo, aunque corremos el riesgo de que su cáscara está contaminada por la bacteria salmonella. Pero un consumo excesivo de huevo crudo produce deficiencia de vitamina A y tomar demasiado hígado, de biotina, que, como hemos visto en el caso del pescado crudo, afecta a nuestros sistemas vascular y nervioso.

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Setas

Algunas setas contienen toxinas para nosotros, así que mejor no probar con ninguna.

Alimentos azucarados

No es muy recomendable darnos alimentos azucarados, pues el consumo habitual de azúcar puede provocarnos obesidad y diabetes.  Pero lo que resulta especialmente dañino para nosotros son los edulcorantes artificiales, sobre todo el xilitol, que nos provoca insuficiencia hepática.

Masa con levadura

Si os gusta amasar vuestros propios panes o bollos, no nos permitáis comer masa cruda con levadura, pues, una vez dentro de nuestro aparato digestivo, se expandirá y nos provocará importantes molestias.

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Otros productos de consumo humano

Hay productos como el alcohol y drogas como la marihuana que, si en el ser humano son tóxicos consumidos en grandes cantidades, en el caso de los gatos pueden resultar letales. La nicotina es un auténtico veneno para todos los animales, incluidos los humanos y los felinos. No dejes el tabaco a nuestro alcance y, si puedes evitarlo, no fumes delante de nosotros. Nuestros pulmones también sufren.

Por último, hay medicamentos que nunca se deben suministrar a los gatos porque destrozan nuestro hígado. Es el caso del paracetamol y del ácido acetilsalicílico (o aspirina).  También los suplementos con hierro y los anticoagulantes pueden ser muy peligrosos. En general, no nos mediques sin haber consultado antes a un veterinario de confianza, porque lo que para un humano puede ser  beneficioso a nosotros nos puede costar la vida.

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Desmontando los mitos sobre los gatos positivos

Os presento a Leopoldo. Es un señor gato de casi 20 años al que cuida una amiga de mi humana cuando su humano sale de viaje.

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– ¡Hola, Leo! ¿Qué tal?

-Pues ya ves: aquí, pasando la mañana. Creo que voy a ir a tumbarme al sol un ratito al lado de la ventana, que hace un día muy frío.

-Me ha dicho mi humana que eres positivo a inmunodeficiencia felina. ¿Desde cuándo?

-Mi humano dice que desde siempre. Ya me adoptó con ella cuando era peque.

-¿Y has tenido algún problema serio de salud por eso?

-Pues la verdad es que no, porque como he vivido en una casa desde que era muy jovencito, me han cuidado bien. Ahora veo bastante mal, tengo la dentadura hecha polvo y los riñones un poco tocados, pero son achaques propios de la edad.

-Pues cuídate, amigo. Hasta la próxima.

-¡Lo haré! Gracias. Hasta pronto, Tyrion.

Inmunodeficiencia y leucemia felinas: cómo detectarlas

La inmunodeficiencia felina (FIV)  es, junto con la leucemia felina (FeLV), una de las enfermedades gatunas más temidas. Incluso  hay humanoides que sacrifican a los gatos que son positivos a alguna de estas dos dolencias, cuyos anticuerpos se pueden detectar en cuestión de minutos a través de un test llamado ELISA.

Pero en ocasiones los resultados de estos tests son incorrectos. Eso sucede si el gato al que se le aplica no ha pasado una cuarentena de al menos tres semanas desde que fue rescatado de la calle.  También es  frecuente que los cachorros expuestos al virus lo negativicen al cabo de unos meses y este desaparezca de su organismo para siempre o incluso, en el caso de la FIV y en bebés, que se trate simplemente de anticuerpos de la madre.

Por lo tanto, el test ELISA de leucemia e inmunodeficiencia debe realizarse en unas condiciones muy particulares para ser fiable. Incluso, si da positivo, se recomienda repetir el test al cabo de unos meses para confirmar el diagnóstico. También existe otra prueba, la de PCR, que detecta la presencia de marcadores víricos en sangre y que puede servir para identificar  otros virus, además de los de FIV y FeLV.

Positivos a mimos y amor

Que un gato dé positivo a leucemia o inmunodeficiencia no significa que sea un gato enfermo, sino simplemente que su sistema inmunitario puede llegar a estar comprometido, por lo que necesita un mayor control veterinario. Vamos, lo mismo que le pasa a un gato senior o a un gato con diabetes, problemas renales, alergia o asma. El virus puede permanecer inactivo durante años sin provocar ningún problema especial de salud, como le sucede a Leopoldo y a otros amigos que os voy a presentar.


Este es Axelete, uno de los gatos rescatados de la calle por Gestión Felina Madrid. Vivía en un pueblo en el que unos psicópatas se dedicaban a matar gatos. Mi humana lo quiere tanto que a veces me pongo un poco celoso, aunque luego pienso que es tan gatófila que se enamora de cualquiera que maúlle y que tenga bigotes y cuatro patas.

Axelete es positivo a leucemia, pero eso no le impide ser un tragoncete y disfrutar de los mimos y los juegos con los voluntarios de GFM como  el que más. Hace unas semanas le hicieron un análisis y el tío está perfecto, hecho un torete.

La gente se echa para atrás  a la hora de adoptarlo cuando le dices lo de la leucemia, pero de momento la única prevención que hay que tener, aparte de hacerle una analítica de vez en cuando para ver cómo sigue, es mantenerlo separado de los gatos negativos, ya que el virus se contagia a través de la saliva, es decir compartiendo comederos o bebederos y mediante el acicalamiento de unos gatos a otros. Por eso no es recomendable la convivencia entre gatos positivos y negativos a leucemia.

Con los años, la leucemia se suele activar y provocar dolencias muy graves, como tumores y linfomas, pero un gato positivo a FeLV puede vivir muy feliz durante años, sobre todo si se encuentra en un entorno protegido, como un hogar o un refugio. No olvidemos que los gatos callejeros, aun siendo negativos, tienen una esperanza de vida media de cinco años, lo cual no difiere mucho de la de los gatos leucémicos una vez se les ha activado el virus.


Y este es Polillo, otro de los favoritos de mi humana en Gestión Felina. Polillo es un gatazo muy bueno y cariñosísimo que es positivo a inmunodeficiencia, contraída en la calle, probablemente en una pelea o un ataque de otro macho después de ser abandonado. Porque la FIV solamente se contagia a través de mordiscos graves,  cuando hay contacto entre la saliva del gato positivo y la sangre del negativo. Por eso, la convivencia entre gatos positivos a FIV y gatos negativos es perfectamente segura siempre que hayan sido esterilizados y se hayan hecho las presentaciones de forma adecuada.

No sé si os acordáis de mi amigo Fortu, el gato que protagonizó el artículo sobre los gatos abandonados que llegó a Gestión Felina hecho unos zorros y muy deprimido. Fortu resultó positivo también a inmunodeficiencia y ahora convive felizmente en una casa con sus papis, unos cuantos hermanos felinos que son negativos y con un bebé humano. No ha contagiado a ninguno de los gatos que conviven con él. No hablo de los humanos porque no hace falta decir que ni la FeLV ni la FIV es contagiosa para los humanos de cualquier edad, ¿verdad? Espero que Fortu siga tan contento y tan sano al menos durante tanto tiempo como Leopoldo.

Y espero que gracias a la labor de los veterinarios que están mas informados sobre estas dos enfermedades y de asociaciones como Gestión Felina vayan cayendo todos los mitos que existen en torno a la leucemia y la inmunodeficiencia felina y mis amigos Axelete y Polillo encuentren un hogar en el que puedan dar y recibir todo el amor del que disfrutan los voluntarios de GFM.