Protege tus ventanas. Los gatos no tenemos siete vidas

 

Si hay una canción que odio  es “Estaba el señor Don Gato”. ¿La recordáis? Cuenta la historia de un felino que vivía tan tranquilo en su tejado hasta que le propusieron casarse con una gatita y, con las prisas por ir a conocerla, se cayó del tejado y se mató. Pero la historia acaba bien. Al final, Don Gato resucita en mitad de su entierro “al olor de las sardinas”. Y la cancioncilla termina: “Por eso dice la gente ‘Siete vidas tiene un gato marramiaumiau, miau, miau. Siete vidas tiene un gato'”.

Pues no. Los gatos no tenemos siete vidas. Tenemos una sola, tan frágil como la de los humanos. Lo que sí refleja con absoluta veracidad la coplilla es que nos matamos cuando nos caemos desde los tejados, desde las ventanas, desde las terrazas…

Hace un par de meses, mis amigos de Gestión Felina Madrid acudieron al rescate de una gatita que había caído desde la ventana de una vivienda cercana a la sede. Por desgracia, cuando llegaron, la gata había muerto a causa del impacto contra la acera. Lo único que pudieron hacer fue consolar a su humana, minutos después, cuando volvió de hacer unas compras. El descuido de dejar una ventana abierta resultó fatal. “Nunca se había acercado a la ventana”, decía entre lágrimas. Y es que nunca pasa nada… hasta que pasa.

Una de las causas más frecuentes por las que los gatos acudimos de urgencia al veterinario es el síndrome del gato paracaidista o síndrome del gato volador, es decir, por caídas desde diversas alturas.

Los gatos somos unos seres extraordinariamente curiosos. Aunque cada uno de nosotros tiene su propio carácter, en general nos encanta cotillear todo lo que se pone a nuestro alcance. Mirad cómo disfruta mi amigo Momo mirando por la ventana.

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También nos encanta encaramarnos a los lugares más insólitos. Os presento a Dr. Livingston, un coleguita de Momo, conocido por sus grandes dotes de alpinista.

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Aunque es cierto que nuestra agilidad es asombrosa, no somos superhéroes. Sí, somos capaces de girar sobre nosotros mismos en el aire para caer sobre nuestras patas, pero: a) si la altura no es suficiente, no nos da tiempo  y podemos caer sobre la espalda, destrozándonos la columna, y b) si la altura es demasiado grande, el golpe daña nuestros órganos internos y nuestros huesos de igual manera que si fuéramos humanos. No somos de goma, aunque a veces os sorprenda nuestra elasticidad.

También es cierto que somos muy inteligentes, pero nadie está libre de tener un despiste. No sabéis la cantidad de gatos que saltan al vacío detrás de una paloma o de un insecto porque su instinto cazador es más fuerte que la prudencia.

Por eso mis amigos de GFM piden a todos los adoptantes que protejan sus ventanas y terrazas. Es una forma de asegurar que no correremos peligro cuando tomemos el fresco o queramos echar un vistazo a la calle. También evitará que salgamos de casa y nos perdamos. Los gatos caseros lo pasan muy mal en la calle, si es que consiguen sobrevivir.

Hay muchas formas de proteger terrazas y ventanas. Si eres manitas y no te quieres gastar mucho dinero, puedes comprar malla de gallinero,  tela metálica o redes especiales reforzadas para gatos y, en función de cómo sea el vano, colocarla directamente sobre él (teniendo mucho cuidado de no dejar huecos) o en un marco . Si prefieres que te lo hagan, hay empresas y particulares que se dedican a ello. Algunas, como Madera del Alto Tajo, hacen descuento a los adoptantes de Gestión Felina Madrid.

Que la casa de tu humano sea especial no es excusa para no proteger las ventanas. Nosotros vivimos en un apartamento abuhardillado y mis humanos se las han apañado para conseguirlo. Miradme aquí haciendo el control de calidad de una de las ventanas de mi casa.

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Proteger las ventanas y las terrazas no es solo una cuestión de seguridad para nosotros. También lo es de bienestar. ¿Te imaginas lo que supone estar todo el día encerrado en una casa sin poder tomar el fresco ni percibir ningún olor de la calle? Un auténtico aburrimiento.

Observad, sin embargo, lo a gusto que están Momo y sus hermanos Lisa y Curro en su terracita.

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Si te ha quedado alguna duda sobre cómo proteger tu terraza o ventana, o sobre a quién puedes acudir para hacerlo, escribe a mis amigos de Gestión Felina. Tus gatetes te lo agradecerán.

 

 

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